sábado, 8 de julio de 2017

Juntos

Porque llegaste para romper con mis miradas, mis sonrisas. Removerlo todo y dirigirme a ti.

Porque cambiaste mi forma de besar, mi manera de querer. Tus manos y tus morderme.

Porque absorbiste cada "yo nunca" y me enseñaste nuevas partes de mí. Te quedaste a la niña y a la mujer.

Porque con una palabra desencadenas mis dragones apagando, después, su fuego a tu merced. La reina y la princesa.

Porque el control, tan tentador y anhelado, se olvida en la oscuridad de una habitación. Te veo dormir y entonces duermo.

Porque me ves y me susurras, te ríes y me desarmas. Mi desequilibrio y mi cordura son ya para ti.

Porque disparaste contra mis "por ahora" y fraguaste el "siempre". Tienes para ti mi Luna, La Lluna.

Porque de lo más recóndito de mí, de mis sueños, extrajiste un susurro. Juntos.



Y dónde estabas, y cuántas veces, y ahora qué. La distancia. No hay elección.
Juntos, juntos, juntos.

viernes, 7 de julio de 2017

En la calle de Los muchos colores

En la calle de Los muchos colores las casas eran de azules, amarillos, verdes, violetas y rosas fachadas. Las ventanas que decoraban las pequeñas construcciones -tanto que podrían decirse de juguete- nunca eran del mismo color que sus paredes. Ni tampoco las puertas que solían embellecer toda la estampa con molduras en aguamarina, turquesa y miel. Adoquines grises decorados con bonitas papeleras, también de colores. Hermosos árboles frutales siempre en flor contrastando con los adoquines grises que hacían de sustento para los viandantes.  Las farolas que presidían las calles, todas ellas de hierro envejecido,durante el día no parecían pertenecer al mismo cuadro, sin embargo, a la luz de la noche emitían también luces de colores tiñendo todo el mobiliario que ocupaba las aceras.Las fruterías, carpinterías y otros negocios que componían la calle se esmeraban en que sus artículos luciesen de muchos colores. El ultramarinos por ejemplo, solía decorar sus escaparates con aguacates y fresas, plátanos y mangos, arándanos y limones...

En la calle de Los muchos colores los habitantes vestían camisetas naranjas, pantalones amarillos y calcetines rosas. Algunos incluso llevaban el pelo violáceo, rojo o cyan. Los bebés viajaban en cochecitos púrpura, azules, amarillos o verdes. Los ancianos lucían bastones de lo más vistosos. Cuando una novia se casaba no iba al altar vestida de blanco, entraba en la colorida iglesia luciendo un hermoso vestido con por lo menos siete colores distintos. Todos los vecinos estaban felices de pertenecer a la calle.

Todos menos la niña gris.

jueves, 27 de octubre de 2016

Cicatrices

Muchas palabras, muchas lágrimas y muchas noches sin dormir, siempre previas a una tormenta que, tras su paso, todo lo dejaba nuevamente en calma. La tranquilidad más maravillosa del mundo. El apaciguamiento de toda mi yo salvaje reducido a un abrazo, una sonrisa, una mano y un café. Durante el tiempo que duraba esa sensación de sosiego nada parecía estar mal, todo tenía su sitio, como una maleta organizada por una madre. La incertidumbre y los "quizás" siempre solían asaltarme en algún momento, cuando menos lo esperaba, pero cada vez las tormentas se hacían esperar más y, camuflada de felicidad, la Conformidad me abrazó fuerte y yo me dejé abrazar.

Muchas palabras, muchas lágrimas y muchas noches sin dormir dediqué a aquel que una vez me había encontrado para prevenirlo, para gritarle que volviese y que no me dejase ir. En su rostro miradas esquivas y en su boca, hielo. Acurrucada entre las sábanas buscaba sus abrazos pero en lugar de sentirme reconfortada sufría ante la idea de que cada día, dormía más cómoda alejándome de su piel. El cambio fue tan progresivo que la niña que gritaba, peleaba y se desgarraba consciente de que todo se podría desgastar, se apagó, dejó de gritar, de pelear y fue perdiendo poco a poco su pasión para asumir un papel más maduro, más adulto y menos ella. Presa de la convicción de que así debía ser, de que "lo de antes" era inmadurez, era ensoñación, se refugió en los libros y en las historias de otros y cuando añoraba su parte primitiva la acallaba con una sonrisa, un beso o un abrazo de aquel que una vez la había encontrado. Sin embargo, esa versión más madura, más adulta y menos yo, poco podía durar, porque la madurez no es aburrimiento, la adultez no es cordura y ser menos yo no debería ser una opción.

Muchas palabras, muchas lágrimas y muchas noches sin dormir presa del pánico y de la angustia de ver cómo en un segundo todo cambió. Los días pasaban en mi felicidad calmada, sin pasión pero con cariño, con sonrisas silenciosas y afecto sincero. La Duda y la Conformidad jugaban juntas al ajedrez ya acostumbradas la una a la otra. Hasta que ocurrió. Allí estaba, como otras veces, pero era diferente. Algo platónico se fraguó y en un juego mortal ante lo "inalcanzable" me dejé llevar. Me dejé llevar más de lo que quería y ocurrió. Se despertó. La niña de melena revuelta, de labios salados y piel húmeda no quería dormir. Risas, picardía, pasión y complicidad surgieron de pronto y ya nada fue igual. ¿De dónde salió? No es lo importante. Lo verdaderamente importante es que todavía estaba ahí, todavía existo. Corrí, corrí y corrí. Con mirada fría señale a la Conformidad y ella lo entendió, tiró su rey sobre el tablero y se fue. La Duda me miraba con sonrisa cómplice, le di la mano y echamos a andar.

En el espejo, una piedra, una piel oscura, pelo revuelto, calor, incertidumbre y cicatrices.

domingo, 22 de febrero de 2015

Piedras en el camino

Asumir que todo es estable, que todo está bien como está, acomodarnos en una realidad concreta renegando a veces, incluso de aquello que nos identifica. Señalar a los otros insultando su criterio, sintiéndonos mejores cuando no hay futuro imposible y llegado el momento, tampoco presente. 

En la comodidad de mi sofá, mi café y mis galletas, en la rutina de mis clases y mis besos, en la seguridad de un regazo fraternal y una cama blandita, era feliz. ¿Lo era? Lo era. Esa felicidad quizás ingenua del que no se ha dado cuenta de que cruzando la calle y doblando la esquina, la Duda espera sin prisa tu llegada para asaltarte y llevarse consigo tu apacible tranquilidad. Desaparece entre las sombras dejando su huella en tu estómago, a partir de ahí, todo son preguntas y ya nada es igual. 

¿Por qué ahora?, ¿por qué siento esto?, ¿cómo he llegado aquí?, ¿puedo fingir que nada haya pasado? Pero la respuesta es siempre negativa y la Duda deja cicatrices difíciles de obviar. Intentando mirar a un lado, intentando acallarla, procurando volver al inicio y no doblar esa esquina. De repente estás frente a un espejo donde no ves más que un cuerpo desnudo, lo tocas y el frío cristal te recuerda que sólo es una imagen y que bajo tus ojos, estás realmente tú. ¿He cedido tanto hasta que ya no queda nada mío?, ¿me he acostumbrado a no ser yo?, ¿me he conformado con un papel secundario?, ¿he olvidado la niña salvaje que exige aventuras?, ¿dónde está la fuerza y el valor?, ¿será pasajero?, ¿estoy exagerando? Dudas, dudas, dudas. Giras y giras en la cama para poder encontrar la ansiada postura que te lleve a ese mundo onírico donde quizás encuentres refugio, pero la Duda conoce hasta tus más profundos escondites y acaricia cada una de esas partes hasta llevarlas a los ojos dormidos. 

El sofá ya no es cómodo, los besos no son cálidos y te sientes caer en unos brazos que aún no te echan de menos. Y la solución es llegar a esa respuesta que se esconde en alguna parte de nosotros dejándose ser, dejándose sentir. 

Una piel morena, una sonrisa, el pelo todavía mojado, brisa y olor a mar,una piedra blanca en la mano, arena, unos ojos que te devuelven la mirada y te sonríen en el espejo.

viernes, 18 de octubre de 2013

Con la rapidez de un autentico superhéroe

Seguía yo caminando entre barro, recomponiendo mi imagen pedazo a pedazo en el espejo, cuando dejó de darme la mano. Me asestó un golpe certero que me dejó sin respiración, cogí toda la fuerza que pude para respirar y el Dolor se reía en una esquina mientras tomaba el té.

domingo, 13 de octubre de 2013

Cuestión de minutos

Todas sus palabras, todas sus miradas, sus sonrisas y sus besos dejaron de ser lo que eran. Se alejó de mí durante unos minutos y me di cuenta de que ya nada era lo que fue y a la vez todo era lo que había sido.
Me consumían sus palabras escritas en mis recuerdos y el sin sentido de todo aquello, sin embargo me aferraba a su mirada. Pensé que lucharía y parecía dudar. Dio un paso al frente y volvió a estar cerca de mí.
Fue cuestión de segundos y entonces el Dolor decidió coger sus maletas e instalarse en mi casa.

domingo, 29 de abril de 2012

Reconfortante

Hoy fui valiente. Hoy sentí como mi corazón podía llegar a romperse por completo y le hice frente. Hoy compartí mis miedos temiendo no ser comprendida, temiendo ser juzgada. Hoy me equivoqué.

 Tanto tiempo callada y tanto tiempo entre ideas que recorrían mi cabeza sin mesura me habían llevado a creer que quizás aquello a lo que estaba acostumbrada sería mi pan de cada día y sin embargo, ese espejo en el que me miro desde hace ya cinco meses me devolvió la sonrisa. Me cogió de la mano y me llevó al lugar adecuado. Me dio paz, me dio la ilusión que estaba perdiendo. Creo que no es una quimera, creo que es la verdad. Sé que vuelvo a tener compañero en mi camino, sé que ahora más que nunca no seré la única que escriba mi historia, nuestra historia.

 Doy las gracias a mi mundo y a aquel que lo conforma por decirme "haré todo lo que esté en mi mano" porque puede que me equivoque, porque puede que no tenga razón pero lo que sí sé es que lo que siento es real y que si puedo volver a sentirme feliz no sólo será por mi parte. Vuelo a estar completa.


 Es una sensación reconfortante